Caminando un poco hacia Akasaka, deje Roppongi y me puse a buscar el templo de Hie Jinja. Un templo situado en los límites de los barrios de Akasaka y Nagatacho, el cual fue reubicado en su nuevo emplazamiento en el siglo XVII por creencias de que contribuiría a alejar e mal del castillo de Edo. El santuario tiene un cometido protector. En la foto se puede ver en la foto una figura de un mono que acuna a su cría y es que muchas embarazadas se desplazan al templo para rendir homenaje a este icono. Para llegar al templo hay que cruzar una gigantesca puerta torii de piedra, que franquea el paso a una avenida ascendente compuesta por escalinatas o para los más vagos, escaleras mecánicas.
Me quedaba otro templo por visitar, Myogonji. Incrustado en los límites de Aoyama-dori y del recinto del palacio, en este templo con aire sintoísta, pude ver una larga sucesión de estandartes anaranjados y rojos, estatuas de la diosa Kannon, figuras de zorros y distintos elementos zen. Era un sitio muy tranquilo y pude pasear un buen rato entre “los pasillos” de piedra que había cerca del templo. El incienso quemado perfumaba todo el lugar y era increíble el sosiego que conservaba. Aún estando en el interior de la ciudad y además, con unas obras al lado (me encontré unos trabajadores descansando y comiendo de lo que parecía una larga jornada de perforaciones en el suelo) se podía caminar totalmente relajado.











